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La actividad ‘online’ y la localización de los españoles, revisadas 426 veces al día por Google

Así lo confirma la Asociación Irlandesa por las Libertades Civiles (ICCL) a partir de una filtración en la que se muestra que el promedio de intrusiones diarias mediante RTB entre los europeos es de 376 veces

RTB

Opera entre bastidores, se perfila como un negocio fructuoso y supone la mayor brecha de seguridad en cuanto a protección de datos de la historia. El Real-Time Bidding o RTB es un sistema de  compra de publicidad digital a partir de un modelo de subasta en tiempo real. Conscientes de la importancia de la protección de datos de carácter íntimo y personal, el Consejo Irlandés para las Libertades Civiles (ICCL) ha publicado un informe en el que detalla cómo la industria adtech comercializa con las características de la actividad online y la localización de los usuarios de Internet sin su conocimiento o consentimiento. Un informe que pone en jaque a las autoridades responsables del cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos (GDPR). Así, a través de una filtración se ha puesto de manifiesto que, en Europa, el RTB expone los datos de las personas 376 veces al día. Además, la actividad en línea y la localización de los españoles es revisada un total de 426 veces al día por el gigante Google quien, según el citado documento, envía de igual forma tus datos a empresas de todo el mundo, incluidas Rusia y China, sin ninguna herramienta que controle lo que se hace con ellos.

 

Venta de espacios publicitarios: un negocio rentable

Los datos a los que se refiere el estudio de ICCL se emplean para las subastas en tiempo real de espacios publicitarios. Se trata del sistema que emplea Google para vender a los anunciantes los espacios de publicidad que vemos mientras navegamos: banners, vídeos, pop-ups… Esta herramienta, que supuso una revolución para el mercado publicitario, es el eje angular de la llamada publicidad dirigida o personalizada, aquella en la que a cada usuario se le muestran anuncios acordes con sus afinidades o historial de navegación. Un negocio fructífero a la par que cuestionado: se estima que en 2021 esta forma de publicidad generó unos ingresos de 112.000 millones de euros solo en EE.UU y Europa.

La investigación de ICCL ofrece cifras que permiten hacerse una idea de la magnitud de la vigilancia asociada a este modelo. El sistema de subasta en tiempo real implica que se verifique  la situación y actividad de los usuarios europeos y estadounidenses 178 billones de veces al año. Todos esos datos, que incluyen información sensible de los usuarios, se envían a 4.698 empresas de todo el mundo con las que Google tiene acuerdos de colaboración. Se incluyen ahí compañías de China o Rusia, cuyos estándares de respeto de la privacidad relegan a la nada las medidas europeas.

 

Modus operandi

Para que las subastas en tiempo real de publicidad sean posibles, el motor de Google utiliza la información que tiene sobre perfiles concretos de usuarios cada vez que entran en una página nueva. Así puede ofrecer a los anunciantes espacios en los que sus anuncios serán relevantes para determinados perfiles. Los anunciantes hacen una puja en ese mismo momento; y el que pague más será quien muestre su anuncio en la pantalla del usuario. El proceso está automatizado, todo sucede en centésimas de segundo. Así, dada la calidad de los datos que ofrece, no es de extrañar que Google no sea el único gigante que juega sobre el tablero. Sorprende que el informe de ICCL no mencione a Facebook y Amazon, siendo la primera la gran dominadora del mercado junto al metabuscador, aunque sí incluye a Microsoft.

La receta del éxito de este negocio millonario reside en la cantidad y calidad de datos que recopila y transfiere de cada usuario. Se tienen en cuenta factores históricos pero también inmediatos (dónde está, qué acaba de ver, qué ha hecho en otras situaciones tras algo parecido). Esa capa de inmediatez se logra recopilando información ‘in situ’ cada vez que navegamos por una web o usamos una app. También registrando datos sobre dónde va el usuario, tenga o no activada en su teléfono el sensor de GPS.

 

Una problemática real

“El RTB opera entre bastidores en sitios web y aplicaciones. Transmite constantemente las cosas privadas que hacemos y vemos en línea, y dónde estamos en el mundo real, a innumerables empresas. Como resultado, todos somos un libro abierto para las empresas de corredores de datos y otros, que pueden construir expedientes íntimos sobre cada uno de nosotros” defiende Johnny Ryan, miembro principal del Consejo Irlandés para las Libertades Civiles y miembro principal del Instituto de Mercados Abiertos.

Según la ley de protección de datos de la Unión Europea, la información personal relacionada con temas sensibles e íntimos, como la salud, la sexualidad y la política, se reconocen como datos personales de categoría especial. El procesamiento de este tipo de información generalmente requiere del consentimiento explícito de los usuarios, con excepciones muy limitadas, con el firme propósito de proteger los intereses vitales de los interesados. En este contexto, publicar anuncios de comportamiento claramente incumpliría el requisito. Otro de los problemas que plantea la extracción de este tipo de datos es que, una vez registrados, no hay forma de controlar quién accede a ellos. Sin dudas, otra muestra más de la necesidad imperante de tomar cartas en el asunto. Sin embargo, ¿tenemos realmente las herramientas para poner coto a esta problemática?



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