ENTREVISTAS | Noticias | 04 ABR 2019

"La luna de miel de Internet ha terminado"

Cristóbal Cobo, autor de 'Acepto las condiciones: Usos y abusos de las tecnologías digitales' habla sin tapujos sobre la descentralización de Internet y de cómo unos pocas empresas se han hecho con la influencia de nuestras decisiones políticas, sociales y personales.
Cristobal Cobo
Mario Moreno

 

Habla sin tapujos de los abusos de los gigantes digitales con los datos de los ciudadanos, de cómo los estados tienen que ponerse de lado de la sociedad civil y de las exigencias que debemos poner encima de la mesa. Por eso, Cristóbal Cobo, profesor, investigador de nuevas tecnologías y autor de Acepto las condiciones: Usos y abusos de las tecnologías digitales,editado por la Fundación Santillana, cree que se debería poner en marcha una regulación global para solventar “un problema que afecta a todos”.

¿Cuál es el mensaje principal de Acepto las condiciones?

Que hoy ya existe mucha mayor comprensión de los costes de entrar en la vida digital. Eso hace necesaria una revisión profunda de las problemáticas actuales. Muchas tienen que ver con el uso de los datos y la privacidad. El libro analiza las tensiones en el cambio de las reglas de juego de poder y control. La luna de miel de Internet se ha terminado.

¿Cuáles son esas tensiones?

En primer lugar, hablamos de vigilancia y monitorización; cómo las multinacionales digitales tienen información en 360 grados de nuestra vida y cómo con esos datos pueden hacer seguimientos. Luego está la influencia. Cuanto más nos conocen mejor identifican nuestros deseos y temores, nuestro círculo social y qué cosas nos influyen. Cuando hablas sobre un tema en redes sociales, por ejemplo sobre alojamiento en un hotel, enseguida te salta publicidad al respecto. Este tema cobró mucha relevancia con el papel que tuvo Facebook en el Brexit y las elecciones de Estados Unidos de 2016.

 Internet se ha concentrado en unas pocas empresas que tienen una gran cantidad de influencia en nuestras decisiones políticas, sociales y personales.

Esto lleva a la pérdida de autocontrol. Los más extremistas hablan de esto en términos de dependencia y adicción. Otros dicen que no está tan claro. Pero es evidente que las personas tienen muchas dificultades para estar sin teléfono. Distintas investigaciones aseguran que solo con tener el smartphone encima de la mesa, aunque sea boca abajo o sin sonido, hace que decaiga la atención y la capacidad de concentración. Por último, está la sobrecarga cognitiva. Hay una sobreabundancia de datos y estamos expuestos a ese flujo ilimitado constantemente (tuits, mensajes, actualizaciones, likes…) Esto genera dificultad para distinguir entre la información confiable y la que está manipulada (fake news) y esto tiene que ver con enormes flujos de control. Antes la censura era el control del acceso a la información, ahora ocurre todo lo contrario.

¿La segunda tensión, la adicción, es la que hace que las redes sociales no pierdan usuarios a pesar de los escándalos que las envuelven en los últimos tiempos?

Sí, estoy de acuerdo. La mejor demostración es que tras el caso Snowden, en el que se vio cómo Estados Unidos espiaba a sus ciudadanos, la vida digital continuó absolutamente igual.

¿Por qué?

Estas tecnologías no son maquiavélicas, pero están diseñadas para entender muy bien cuáles son nuestras conductas. Buscan estímulos positivos; el refuerzo de la valoración, de afecto a nuestros seres queridos… Aunque la gente se dé cuenta de que detrás de esto hay manipulación y pérdida de autonomía siempre encuentra el lado bondadoso de estas herramientas. La clave no es desconectarnos y vivir de manera analógica en la montaña, sino en pensar, de manera profunda, bajo qué costes estamos aceptando esta situación y, si queremos cambiarla, qué tendríamos que hacer.

Si no son los usuarios los que están concienciados, ¿cómo se podría elevar la presión sobre estas empresas?

Cuando surge Internet lo hace también la promesa de la descentralización. Es decir, no necesitamos ira a la librería para comprar un libro y lo mismo con miles de productos y servicios más. Pero esta descentralización derivó en algo que no estaba planeado, en la concentración de todo en unos pocos actores, los llamados GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Internet se ha concentrado en unas pocas empresas que tienen una gran cantidad de influencia en nuestras decisiones políticas, sociales y personales. Lo que hay que hacer es tomar acciones a distintos niveles. Por un lado, los estados tienen que ponerse de parte de la ciudadanía. Es cierto que el año pasado se aprobó el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR, de sus siglas inglesas), pero Internet tiene ya 25 años. ¿Por qué sucede esto ahora y no antes? En este tiempo ha habido una suerte de no regulación bajo la promesa de que si se regula se mata la innovación. Esto se ha hecho mediante un capitalismo salvaje que ha desprotegido a los ciudadanos.

Por otra parte, creo que los mecanismos de regulación tienen que ser más productivos que reactivos. Más que la sanción, tienen que buscar que las tecnologías se diseñen para que la gente tenga una mejor calidad de vida y no para que sea manipulada por estas herramientas. La sociedad civil tiene que tener un rol mucho más activo para denunciar los abusos, exigir transparencia y construir una red de interlocutores que la protejan. Es decir, yo no necesito ser ingeniero para saber qué coche contamina más que otro o qué alimentos son más sanos. Confío en intermediarios validados que me ayudan a tomar decisiones de manera transparente. Hoy en día la ciudadanía toma decisiones a ciegas. Hay que ponerle luz a esas cajas negras que son los algoritmos que procesan nuestros datos para que tomemos conciencia, por ejemplo, de cómo los partidos políticos nos influyen con bombardeos hipersegmentados de contenidos.

¿Qué recomendaciones hace a la ciudadanía?

Es la pregunta del millón de dólares. No hay soluciones rápidas. Yo lo que he hecho es tomar una fotografía del problema. Y, lo más probable es que después de esta conversación, cuando uno de los dos se vaya a descargar una aplicación no lea los términos y condiciones de uso. Los aceptaremos y seguiremos nuestra vida tal cual. No por saber que estamos siendo manipulados salimos de eso de manera automática.

La ciudadanía tiene que exigir a sus representantes que tengan una posición más activa. Si bien la normativa europea es un ejemplo, a problemas globales hay que dar soluciones globales. También hay que avanzar desde la educación, despertar sensibilidades y generar debate. Y entender, desde ese contexto educativo, que los programas de habilidades digitales han sido insuficientes para abordar estos problemas. Si una persona toma decisiones en base a lo que dice Google está siendo influenciada por un algoritmo. La solución es compleja y va a tomar tiempo.

Mientras llegan esas soluciones, es inevitable que, hasta el más concienciado de los usuarios utilice estos servicios y esté expuesto a cometer errores.

Sí, estoy de acuerdo. Pero hay herramientas que son más transparentes que otras respecto a cómo se utilizan los datos. Hoy ya hay un despertar, los medios de comunicación han ayudado. Hay un avance, sobre todo a raíz del caso Cambridge Analytica. Como decía, igual que etiquetamos los alimentos habría que etiquetar estas herramientas y que los ciudadanos decidan.

Hace unas semanas, Mark Zuckerberg (CEO de Facebook) dijo que el futuro de su compañía pasaba por la privacidad. Visto su expediente, ¿le cree?

Si la gente le da valor a la privacidad, ésta va a ganar valor en el mercado. El presidente de Telefónica ha dicho que (José María Álvarez Pallete) ha dicho que cree que en el futuro los usuarios podrán rentabilizar y comercializar sus datos. Y yo me pregunto: “¿Por qué no se hace ya?” Si mis datos son utilizados por segundos y terceros  y las empresas se lucran, ¿por qué no activamos ese mecanismo ahora? Esto saldrá a flote a medida en que la gente lo ponga en valor. El modelo económico de Internet ha estado basado en un círculo vicioso; te doy servicios gratis a cambio de tus datos. Mientras eso siga funcionando así, lo que más va importar va a ser la atención del usuario para hacer minería de datos. Si hay más transparencia a lo mejor podemos dar otros tipos de modelo.  Hoy, al haber más sensibilidad se ha puesto de modo hablar de ética, de transparencia, de sensibilidad y, una vez más, vamos a tener que separar el ruido de la señal, qué es lo concreto y qué es humo.

No por saber que estamos siendo manipulados salimos de eso de manera automática.

Hace poco, un experto en la materia me comentaba qué, más allá de las empresas que gobiernan ahora, y que, como en todo mercado, pueden llegar incluso a desaparecer con el paso de los años, el problema es sistémico y se perpetuará.

A principios de siglo se hablaba de la brecha de acceso a Internet. Ahora, esa brecha es de quienes comprenden esos temas y de los que estamos a merced de las decisiones de otros. Evidentemente el ecosistema digital evoluciona a una velocidad brutal, el ‘darwinismo social’ lo llaman algunos. El problema es que se tratan los datos como si fuera el dinero de las personas. Si un banco pierde tu dinero porque le roban, se hace responsable. Pero si hackean a Facebook o Linkedin nadie te va a compensar. Mientras que las compañías se lucran con estos datos, recibimos un servicio gratuito que es muy inferior a la cantidad de dinero que ellas hacen.

El usuario es el producto.

En la Revolución Industrial se puso en discusión el derecho a la propiedad privada. Hoy, en la digital, tenemos que poner sobre la mesa el derecho a la propiedad de los datos. Es decir, yo tengo que saber si quiero recuperar mis datos y rentabilizarlos y cuando eliminarlos. Casi ninguna de esas cosas las podemos hacer ahora. Yo puedo eliminar algunos datos pero no todos. Tenemos mucho camino por avanzar

Mientras que las compañías se lucran con estos datos, recibimos un servicio gratuito que es muy inferior a la cantidad de dinero que ellas hacen

¿Cómo utiliza el autor de Acepto los términos las redes sociales?

Yo no tengo ninguna altura moral para decir que yo hago las cosas bien y la ciudadanía se equivoca. Yo de Facebook me eliminé cuando supe lo que ocurrió con Cambridge Analytica. Twitter lo utilizo para temas académicos y en Linkedin hago una actividad parecida. No las utilizo para temas personales.

 

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