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Europa blinda sus fronteras con sistemas de reconocimiento facial y datos biométricos

Bruselas recopilará nuevos datos biométricos de aquellas personas no comunitarias que accedan a territorio europeo. Para ello ultima una gran base de datos que recogerá huellas dactilares e imágenes faciales.

reconocimiento facial fronteras

La Unión Europea (UE) da pasos al frente en materia de seguridad y blinda sus fronteras gracias a la tecnología de reconocimiento facial y la compilación de datos biométricos. De esta forma Bruselas implantará un nuevo sistema de reconocimiento facial en todos sus límites fronterizos con el fin de recopilar datos biométricos de los denominados terceros países, es decir, de aquellos ciudadanos procedentes de fuera del espacio Schengen. Hasta el momento, únicamente se les tomaban las huellas dactilares y se contrastaban estos datos en tiempo real con las listas de personas señaladas por las autoridades y fuerzas de seguridad. La información quedará almacenada en una gran base de datos que gestionará la Comisión Europea y a la que podrán acceder los Estados miembros. La aplicación de esta tecnología en las fronteras, que la UE pretende tener disponible antes del término del año, ha desatado un huracán de opiniones contrarias de activistas, políticos y tecnólogos. ¿Los motivos? Se considera que este tipo de herramientas puede discriminar, caer en sesgos y criminalizar.

 

Una base de datos histórica

La Unión ya ha avanzado los primeros detalles de la gran base de datos que aspira a recopilar y gestionar las huellas dactilares e imágenes faciales de "más de 400 millones de personas" de terceros países para controlar la entrada y salida del espacio Schengen. El desarrollo correrá a cargo de IDEMIA and Sopra Steria, dos compañías tecnológicas con sede en París que ya han colaborado en otros proyectos anteriores de las instituciones comunitarias. "Basado en la tecnología biométrica europea, el proyecto atenderá a las necesidades de identificación del nuevo Sistema Europeo de Entrada y Salida, siendo así la piedra angular de la protección de las fronteras europeas", aseguraron ambas compañías cuando irrumpió la noticia el pasado año 2020.

Este sistema compartido, afirmaron entonces servirá para "luchar contra la inmigración irregular" y combatir las bandas criminales transnacionales al "aunar" las informaciones biométricas ya operativas a nivel nacional en los Estados miembros. Una medida que, en sus propias palabras, hará posible "asegurar la protección de las fronteras externas a largo plazo". El contrato adjudicado al consorcio podrá alcanzar "un techo máximo" de gasto de hasta 302,5 millones de euros, según viene recogido en el pliego de condiciones.

 

Implicaciones cuestionables

Los sistemas de reconocimiento facial permiten identificar a las personas de forma inequívoca a partir de una imagen de su cara gracias a la propia idiosincrasia de sus facciones. Cada rostro humano tiene una disposición particular de los rasgos faciales, que no varía con el envejecimiento; con ayuda de algoritmos de inteligencia artificial es posible definir un patrón específico y detectarlo en fotografías o vídeos. Es un método de identificación tan fiable como las huellas dactilares. Pero mientras este último sistema exige de la colaboración del sujeto, que debe colocar sus dedos en un lector, el reconocimiento facial solo necesita alimentarse de imágenes digitalizadas.

Su uso y desarrollo viene recogido en el Sistema de Entradas y Salidas (Entry/Exit System, EES), un proyecto de la UE aprobado en 2017 y dotado de un presupuesto de unos 650 millones de euros. Su objetivo es automatizar y digitalizar el registro de datos biométricos de ciudadanos de terceros países cuando entren o salgan por las fronteras comunitarias. El EES no aplica a los ciudadanos europeos, de quienes Bruselas no almacena sus datos sobre sus rostros, pero sí lo hará con quienes vengan de fuera de los 27. Una medida cuanto menos polémica dadas sus implicaciones y alcance.

Hasta el momento, esta tecnología solo se utilizaba en territorio europeo en caos particulares, investigaciones criminales y de terrorismo. El proyecto de Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, que previsiblemente entrará en vigor el año que viene, cataloga el reconocimiento facial como una “tecnología de alto riesgo”, lo que comporta que solo se use con “fines de prevención, detención o investigación de crímenes graves o terrorismo”. Sin embargo, la letra pequeña avala su uso en las fronteras. Una utilización que ya ha traído opiniones diversas a la esfera de debate público.

 

La postura de Europa

Los argumentos de Bruselas provienen de una postura férrea: el Sistema de Entradas y Salidas hará que el tránsito de visitantes sea más eficiente. Uno de los organismos que deberán vigilar que no se cometan excesos en el manejo de datos tan sensibles como estos es el Supervisor Europeo de Protección de Datos (EDPS, por sus siglas en inglés), una oficina independiente de la UE que ha sido muy crítica con el proyecto y que ya en 2015 mostró sus reservas al respecto, según recoge El País.

El temor de los detractores del proyecto de las fronteras digitales (EES) es que se perjudique, en concreto, al colectivo de los inmigrantes irregulares, ya vulnerable de por sí. Porque los sistemas de reconocimiento facial también se aplicarán a quienes lleguen a Europa en patera. Por si esto no hubiera suscitado suficientes desavenencias, la ciberseguridad y los sesgos han sido los otros grandes protagonistas de un debate que, a buen seguro, contará con más de un capítulo.



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