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Ciberseguridad, comunicación y analítica de datos: punta de lanza en la guerra híbrida

El excoronel de la OTAN, Roberto Gravili, descifra para CSO España cómo ha evolucionado el tablero geopolítico en un contexto donde la guerra híbrida, impulsada por los últimos avances tecnológicos, es el pan de cada día. Así ha hablado.

Roberto Gravili OTAN
Roberto Gravili, en el DES, tras la realización de la entrevista. Créditos: CSO.

El tablero geopolítico actual es, a grandes rasgos, hostil. Hay quien pudiera pensar que la guerra, el conflicto armado o las rencillas entre naciones son cosa del pasado; sin embargo, nada más lejos de la realidad. La geopolítica marca el compás de la vida moderna, encarnando un protagonismo cada vez más ineludible, aunque su concepción suene arcaica, propia de otro siglo, de otro contexto. La invasión de Ucrania a manos de Rusia, el conflicto palestino-israelí  o la escalada de tensiones entre dos grandes superpotencias como Estados Unidos y China son una muestra evidente de ello. En este escenario, la tecnología irrumpe con un poderío significativo llegando incluso a cambiar el paradigma relativo a los conflictos internacionales. Antes, las guerras y batallas se libraban sobre el terreno, junto a un ejército que no hacía sino empuñar armas; ahora solo es necesario un dispositivo conectado a la red para generar caos, desatar la catástrofe. Sobre esta evolución habla para CSO España el italiano Roberto Gravili, ex coronel de la OTAN (actualmente retirado), asesor en Santiago Consultores y experto en geopolítica y geoestrategia de talla internacional.

En el marco del Digital Enterprise Show (DES) celebrado por segundo año consecutivo en la ciudad de Málaga, en el corazón de la Costa del Sol, Gravili ensalza el papel de la tecnología más allá de las fronteras políticas y de la seguridad. “Es fundamental, al igual que lo es la innovación”. En este sentido, apunta, “el DES nos permite tomar el pulso al sector tecnológico, observar cómo evoluciona la tecnología y cómo se puede aplicar en diferentes campos”. Todo ello, dice, sin perder de vista el “pensamiento crítico”, algo que hoy en día considera “extremadamente relevante”.

 

Geopolítica y geoestrategia: de camino hacia la guerra híbrida

Teoría y práctica, geoestrategia y geopolítica. Ambos conceptos toman una nueva dimensión en pleno siglo XXI. Antes, confiesa Gravili, hubo una época en la que se decía que “la guerra era una continuación de la política, pero con otros medios; cuando la política internacional no tenía posibilidades de avanzar, solo entonces se recurría a la guerra”. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado, las líneas entre la paz y el conflicto son difusas, especialmente acuciadas por la tecnología. En este contexto, un nuevo concepto ha irrumpido con fuerza: guerra híbrida.

El término hace referencia al conjunto de acciones que lleva a cabo un país contra un rival geopolítico "aprovechándose de sus vulnerabilidades" con el objetivo de debilitarlo desde dentro. Aquí, incide Gravili, las tácticas y acciones son infinitas. “No se entiende cual es el límite, se permite todo tipo de acción”. A diferencia de lo que ocurre en las guerras tradicionales, los métodos que se ponen en práctica en las llamadas guerras híbridas pueden englobar desde un boicot a la economía de la nación enemiga, introducirse en las redes cibernéticas de otra potencia o incluso establecer centros culturales solo para financiar partidos políticos afines a sus intereses.  

 

“Cuando la política internacional no tenía opciones de avanzar, solo entonces se recurría a la guerra. Con la guerra híbrida no se entiende cuál es el límite entre la paz y el conflicto, se permite todo tipo de acción”

 

Ciberseguridad y comunicación, piedras angulares

Teniendo en consideración el panorama descrito a manos de Gravili, el trinomio tecnología-ciberseguridad-comunicaciones es “fundamental”, especialmente desde el punto de vista de los Estados, los gobiernos y grandes organizaciones intergubernamentales como la OTAN. “Necesitan apostar por una estrategia defensiva, tratar con mucha información, coordinarla, extraer el máximo valor añadido para garantizar las seguridad global”. Centrando el tiro en la ciberseguridad, el asesor aseguraba estar viviendo un momento “muy crítico”, ahora, proseguía, “la ciberseguridad es vital”, hay que seguir promocionándola e invirtiendo en ella.

En materia tecnológica, Gravili relataba haber vivido diferentes fases a lo largo de su experiencia y bagaje, una especie de “transición”, desde los momentos en los que la tecnología ocupaba los últimos puestos en la lista de prioridades, hasta ahora que la encabeza. A nivel específico, el ex militar señalaba el big data y la inteligencia artificial como dos puntos indiscutibles a la hora de articular estrategias que garanticen la seguridad común. “Vivimos en un mundo donde los datos son ingentes y necesitamos la ayuda de máquinas, tecnologías, de programas para tratarlos, para extraer valor. Esto únicamente será posible si los datos que colectamos y los algoritmos con los que entrenamos a modelos de inteligencia artificial son óptimos”. A menudo, continúa, “tendemos a pensar que la cantidad de datos procesados es importante. Desde mi experiencia puedo decir que esto no sirve de nada si no reparamos en la calidad de los mismos. Hay que asociar ambos conceptos”.

 

“El avance tecnológico es tan rápido que a veces es muy complejo ir al compás de la vanguardia y la información, pero no podemos quedarnos atrás”

 

Desafíos a futuro

Con el punto de mira puesto en el futuro, Gravili destaca tres grandes desafíos a tener en consideración. Por un lado, la falta de personal cualificado en el ámbito de la ciberseguridad, tan relevante en los tiempos que corren. Y es que tal y como puso de manifiesto en el DES, en España hacen falta entre 30.000 y 80.000 profesionales de la ciberseguridad, por lo que formar nuevo talento es un objetivo fundamental a la par que prioritario. “La amenaza ya está ahí, será más sofisticada. El verdadero problema es la falta de talento en ciberseguridad”.

Por otro lado, insiste en paliar el problema cultural de las naciones modernas en materia de innovación y tecnología. Para ello defiende pisar el acelerador, porque “el avance tecnológico es tan rápido que a veces es muy complejo ir al compás de la vanguardia y la información; sin embargo, no podemos permitirnos quedarnos atrás”. Por último, la cooperación. “Las naciones tienen que coordinarse cada vez más para hacer frente al actual panorama de amenazas que acechan”.



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